ABRAZOS AL CORAZÓN

Los más chicos también se dan cuenta: cómo abordar el proceso de la enfermedad con niños y adolescentes

Por Psic. Fernanda Mijares Musi y Psic. Michelle Punsky

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Enfermedad los más chicos también se dan cuenta-3

La llegada de una enfermedad

Cuando un ser querido o familiar cercano recibe un diagnóstico aterrador, como lo puede ser el del cáncer, una enfermedad degenerativa, o terminal, la vida de esa persona y la de todos quienes la rodean cambia en un instante y de forma completamente inesperada.

De un momento a otro llegan olas de diferentes emociones al corazón de los familiares y amigos; nos llenamos de tristeza, temor, y angustia.

En ese momento, se comienza a vivir un duelo. ¿Por qué? ¿Por qué mencionar la palabra duelo si la persona no ha muerto?
Recordemos que un duelo es la respuesta emocional ante la pérdida de alguien o algo. Y efectivamente, la persona no ha muerto, sin embargo, empezamos a vivir una pérdida diferente: la pérdida de su salud; la pérdida de la seguridad de tener a ese ser amado sano con nosotros. Por eso la noticia es tan dolorosa. Nos enfrentamos con la nueva posibilidad de que su enfermedad se lo lleve antes, y no volvamos a verlo.

A razón de esto, los planes de vida se modifican tanto a corto como a mediano plazo. Todos los pendientes y actividades previamente contempladas pasan a segundo plano. La familia y los amigos más íntimos centran todas sus energías en la persona que enfermó, lo cual es normal, pero no deja de tener un fuerte impacto en aquellos que aún son demasiado pequeños para entender la razón de estas modificaciones y cambios abruptos en su vida.

Entonces, ¿Qué hay de los niños y jóvenes?

Ya lo dijimos: llegan muchos cambios, y mal que bien, nosotros como adultos tenemos una mayor capacidad de ir asimilándolos poco a poco. De alguna manera lo aceptamos, o bien, lo trabajamos internamente. Pero ¿Qué hay de los niños o adolescentes presentes en la familia? ¿Qué se les dice? ¿Cómo manejamos el tema? ¿Inventamos? ¿Ocultamos?…

Nuestra primera reacción como adultos es proteger a los hijos de cualquier fuente de dolor o sufrimiento. Por esa razón es que, con una noticia tan fuerte y delicada, los padres o tutores encargados tendemos a fingir que no ha pasado nada. Pretendemos frente a nuestros hijos que todo está bien, aunque nuestras caras expresen lo opuesto. Creemos que les estamos evitando un gran dolor, y tal vez -temporalmente- es así, pero no estamos contemplando el daño y la preocupación que les estamos generando. Sí, aunque parezca, ellos sienten la angustia que inconscientemente transmitimos.

Contrario a la creencia popular de que un niño “está chiquito, y no se da cuenta” los niños son sumamente perceptivos, y tienen una agudeza para detectar cosas en el ambiente y en quienes los rodean que muchas veces como adultos subestimamos.

Te damos la noticia: los niños SÍ se dan cuenta de que algo sucede, y los niños (y adolescentes) SÍ PUEDEN con la verdad -mucho más de lo que nos imaginamos.

Claro que hay ciertos requisitos y detalles que debemos tener en mente para hablar con ellos y explicarles las cosas; además de que, ningún niño o niña es igual al otro. Por lo tanto, procesarán la situación a su estilo, pero el ocultárselo siempre hará más daño que bien.

Si te perdiste el taller que dimos a través de la fundación Joup, no te preocupes: pronto tendremos nuevas fechas para que te enteres de cómo comunicarte con tus hijos(as) (niños o adolescentes) sobre el tema, así como qué esperar una vez enterados, y cómo darle seguimiento a nivel familiar.

¡Quédate pendiente!

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